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Mis disculpas

Queridos lectores,

Desafortunadamente sí, lo se, tengo el blog muy abandonado, aunque muchos seguís siguiéndome y enviando emails con consultas, lo cual agradezco enormemente. Mis otros quehaceres, laborales y familiares, me tienen un poco distanciada de éste, mi espacio personal. Sin embargo, sabéis que podéis seguir mis artículos semanales sobre nutrición infantil y durante el embarazo y la lactancia en la revista para padres guiainfantil.com. Aquí, en la columna de la derecha, podéis clicar en el enlace “Mis artículos en guiainfantil” y leerlos todos. No os los perdáis!

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Feliz Navidad

Feliz Navidad

Desde Diet ToDay os deseamos una muy feliz Navidad!!!
Nuestros mejores deseos también para el 2014. Toneladas de salud para disfrutar cada día con energía e ilusión.

La hipertensión es uno de los problemas de salud más extendidos en la población mundial. Los individuos aquejados de esta enfermedad tienen un elevado riesgo de infartos, enfermedades cardiovasculares o problemas renales. Aunque de manera esencial es el componente genético el que más carga tiene en el desarrollo de la enfermedad, factores como el estilo de vida y la dieta juegan también un papel a tener en cuenta.

Investigaciones relativamente recientes concluyen que el uso de antioxidantes podría ser beneficioso para el control de la hipertensión.

Suplementar la dieta con antioxidantes como las vitaminas C, E, B6, algunos aminoácidos como la cisteína o incluso algunos ácidos grasos, ha demostrado ser capaz de disminuir la tensión arterial y la presencia en el plasma de diversas citoquinas relacionadas con la respuesta inflamatoria, tanto en modelos animales como en humanos con hipertensión. Se ha observado también una reducción en el estrés oxidativo celular, así como de la presión soportada por el sistema renal.

La recomendación de antioxidantes puede ser el primer paso en el tratamiento en algunos casos de hipertensión, además de ser económico, carece de efectos secundarios para la salud. Su obtención, sin embargo, debería ser, en primer lugar, a través de la dieta.

En algunos casos, el consumo de suplementos de antioxidantes puede ser beneficioso, será el medico el que considere su recomendación, siempre que la dosis obtenida a partir de la dieta, pueda, por algún motivo ser insuficiente.

Una dieta equilibrada, rica en antioxidantes, ayuda a controlar la presión arterial, y la inflamación vascular. Esta dieta, la nuestra, la mediterránea, no incluye más que frutas y verduras frescas, lácteos y derivados bajos en grasa, un consumo moderado de sal, cereales y pastas integrales, carnes blancas y rojas con moderación, una buena dosis de pescado y de vez en cuando, un puñado de frutos secos.

El glutamato es un aminoácido no esencial que, de manera natural, se encuentra presente en pequeñas cantidades en casi todos los alimentos. Es fácil localizarlo especialmente en alimentos proteicos, como en pescados, carnes y lácteos entre otros.

Sin embargo, es el glutamato monosódico, la sal sódica del ácido glutámico el que centra la publicación de hoy.

El glutamato monosódico (GMS) es un aditivo alimentario que ostenta la categoría GRAS (Generally recognized as safe, osea, seguro) y cuyo código es el E-621.

El GMS es un aditivo generalmente usado como potenciador de sabor, ya que equilibra, combina y resalta otros sabores a la par que suaviza la textura del alimento. El GMS por sí sólo no tiene ni siquiera un sabor agradable, es necesario combinarlo con un sabor atractivo para que realice su función como potenciador. Otro aspecto de gran importancia es la concentración. El GMS contribuye con el sabor agradable exclusivamente cuando es utilizado en la concentración correcta, concentraciones más bajas no tienen efecto potenciador y más altas producen el resultado contrario, proporcionando un sabor tremendamente desagradable. Además hay que tener en cuenta que el GMS interacciona con otras sales y nucleótidos, pudiendo alterar el resultado final.

Sin embargo, el tema que nos ocupa hoy no es el GMS en sí, sino los efectos adversos que puede producir y los estudios que se han realizado al respecto.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que existe una población sensible al GMS en la que la aparición de síntomas puede ser evidente, pero existe también una población, mayoritaria, no sensible, a la que el GMS no afecta en absoluto. Esto viene a decir, por ejemplo que, en una persona sensible al GMS y propensa a las cefaleas tensionales, el consumo de GMS, así como muchas otras cosas, puede precipitarlas, que no producirlas por sí mismo.

En segundo lugar, se desconoce qué hace el organismo con el exceso ingerido de GMS, si se acumula o no y de qué forma, ya que no existen investigaciones fiables al respecto.

Los estudios para demostrar su seguridad ocupan a diversas organizaciones desde hace más de 20 años. Concretamente la FDA (Food and drug administration, organización americana), y tras un estudio exhaustivo y con un alto numero de participantes, publicó un informe en el que afirma que el GMS es seguro si se consume en los niveles habituales, y descarta su vinculación con enfermedades crónicas o degenerativas.

Con respecto a su posible relación con la obesidad, y, en consecuencia, con el aumento del riesgo cardiovascular, los resultados no terminan de ser concluyentes, si bien es un problema que se ha observado en ratas de laboratorio, al igual que las alteraciones oculares.

El ácido glutámico es de gran importancia para el cerebro humano, siendo un potente neurotransmisor cuyo descontrol puede producir serios problemas, por lo que también se han realizado algunos estudios neurológicos con este aditivo. Con respecto al tema que nos ocupa, de nuevo, y aunque se vincula el exceso de GSM con la alteración del hipotálamo, y por tanto de los sistemas que regulan el apetito (hiper-leptinemia), generando adicción, tolerancia por el compuesto y en consecuencia tendencia a la obesidad, los estudios realizados no llegan a ser del todo significativos.

Lo cierto es que, si bien no existe la certeza absoluta de que el GMS sea capaz de  producir problemas de salud, bien cabe esta posibilidad, por lo que un control en su consumo sería una seguridad “extra”. Sin embargo, sí está completamente descartado que el GMS sea cancerígeno o cause asma y reacciones alérgicas, salvo en individuos especialmente sensibles.

No olvides buscar en las etiquetas de los alimentos que consumes los códigos E-620 a E-625, las 6 variedades permitidas de glutamato y así estarás controlando tu consumo de GMS.

Últimamente he estado ausente, mil perdones, pero nuestra mudanza a Reino Unido y la extensa re-organización y papeleo que establecerse en un nuevo país requiere me tiene bastante mas ocupada de lo que me gustaría…

Ademas, añadido a todos mis quehaceres, últimamente me encuentro revisando los menús de algunos comedores escolares y permitidme decirlo, dejan bastante que desear.

Dar de comer implica cuidar el menú de forma que incluya variedad de alimentos, sea equilibrado a la vez que apetecible, satisfaga las necesidades nutricionales y contribuya a la promoción de unos hábitos alimentarios correctos en quienes lo consumen.

La adecuación, cualitativa y cuantitativa de los menús a las necesidades nutricionales de los escolares es responsabilidad ineludible de la empresa encargada del comedor escolar, sea o no por medio de un especialista en alimentación infantil.

Los pilares de la dieta mediterránea incluyen, entre otros:

  • Consumir al menos 5 raciones de frutas y verduras al día.
  • Legumbres al menos 2 – 3 veces por semana.
  • Pescado unas 3 veces por semana.
  • Incorporar los frutos secos en la dieta.
  • Utilizar aceite de oliva como aderezo y para cocinar.
  • Evitar o restringir los fritos, empanados, rebozados, croquetas…

Los menús analizados en las ultimas semanas distan mucho de lo que podría considerarse un menú sano y equilibrado para nuestros escolares (2-12 años).

En primer lugar, el aporte calórico es excesivo, entre 700 y 900 kcal, lo cual está muy por encima de lo recomendado, aun teniendo en consideración el caso de los niños de 12 años. Ademas, la variedad de frutas y verduras propuestas es mínima, sumado a que al menos dos veces a la semana el postre es un lácteo en lugar de la fruta fresca que seria lo mas apropiado.

El consumo de pescado es bajisimo, y la variedad de carne es escasa, variando únicamente entre pollo o pavo y cerdo. Ademas, se incluyen con frecuencia fiambres y preparados cárnicos, cuyo contenido en grasa es muy superior al de la carne fresca.

La cantidad de legumbres también esta por debajo de lo aconsejado, y se utilizan en exceso los precocinados tipo croquetas, empanadillas o san jacobos, que ademas de no ser saludables, se preparan fritos (y no precisamente en aceite de oliva), añadiendo una enorme cantidad de grasa al plato.

Esto es solo un repaso a los puntos mas llamativos de la revisión que he llevado a cabo, pero es sorprendente como se puede tolerar que nuestros hijos estén aprendiendo a comer con estos menús. Y luego nos extrañamos de los alarmantes niveles que esta alcanzando la obesidad infantil…

Volviendo a Mi Plato Saludable, el formato de dieta saludable ideado por los expertos de la Universidad de Harvard, también podemos encontrar un listado de lo que llaman Ten Nutrition Tips for Eating Right o lo que yo he traducido libremente como “los diez mandamientos de una dieta sana”.

Podéis verlos aquí:

Los diez mandamientos

Y aquí un resumen/traducción libre de los mismos y mi opinión en versión semáforo:

  1. Di NO a la dieta libre de carbohidratos (como la Dukan, por ejemplo), e intenta elegir pastas, cereales y arroz integrales.
  2. Presta atención al origen de las proteínas de tu dieta. Las mejores opciones son el pescado, el pollo, los frutos secos y las leguminosas.
  3. Limita la grasa saturada y evita la grasa trans. El aceite de oliva y el de semillas son tus grandes aliados. También el pescado y los frutos secos aportan ácidos grasos esenciales.
  4. Asegura un buen aporte de fibra en tu dieta.
  5. Consume frutas y verduras, elígelas de diferentes variedades.
  6. Aporta suficiente calcio en tu dieta, de los lácteos o de otras fuentes.
  7. Haz del agua la bebida principal con tus comidas. Evita la leche, el zumo y los refrescos, sobre todo si sustituyen al agua.
  8. Controla el aporte de sal de tu dieta. Evita consumir alimentos procesados en favor de los alimentos frescos y cocinados en casa.
  9. El consumo moderado de alcohol puede ser aceptable, aunque no en todos los casos. Sopesa los pros y los contras.
  10. Un complejo multivitaminico es un fantástico seguro nutricional. Y un aporte extra de vitamina D aun más.

Hace poco cayó en mis manos una revisión bibliográfica la mar de interesante, y me ha parecido que podía interesar a mis lectores y por ello comparto con vosotros su contenido.

La revisión data de 2012, y en ella sus autores, mediante una extensísima búsqueda bibliográfica, recopilan más de 200 estudios realizados entre los años 60 y la época actual (2011) en los que se evalúa y compara el estado de salud entre poblaciones que consumen alimentos orgánicos en general o algún alimento (fruta, huevos, pollo…) en particular y otras que consumen alimentos convencionales.

La pregunta que se plantean es muy simple:“son los denominados alimentos “orgánicos” mejores que sus alternativas convencionales?”

La realidad es que el consumidor adquiere productos orgánicos por múltiples y muy variadas razones, pero en muchos casos lo hacen porque tienen la percepción de que son más nutritivos que la alternativa convencional a dicho producto.

Sin embargo, de los resultados de este estudio se desprende que no hay evidencias que apoyen esta percepción, sino que el aporte nutricional es igual en ambos productos.  Solamente en un único estudio se pudo demostrar que el aporte de fósforo de los productos orgánicos supera el aporte del producto convencional (diferencias estadísticamente significativas). Apuntar que para que ocurra una deficiencia en fósforo es necesario llegar hasta la inanición, por lo que nutricionalmente este aporte extra es clínicamente irrelevante.

También destacan un aporte más alto de fenoles en la agricultura orgánica y de ácidos omega 3 en leche y pollo, aunque los resultados fueron bastante heterogéneos.

En resumen, los resultados más relevantes que estos autores encontraron pueden englobarse en estos tres:

–         La agricultura convencional tiene un riesgo un 30% más alto de contaminación por pesticidas que la agricultura orgánica, aunque clínicamente no todos los pesticidas tienen el mismo riesgo y habría que evaluar el peligro que genera cada uno individualmente.

–         No hay diferencia significativa entre la posibilidad de encontrar contaminación bacteriana (Salmonella o Campylobacter) en los alimentos de origen animal, cualquiera que sea su origen (orgánico o convencional), aunque la contaminación por E. coli se ve significativamente aumentada en los productos orgánicos.

–         El pollo y cerdo procedentes de criaderos convencionales tienen un riesgo más alto de contaminación por bacterias resistentes a 3 o incluso más antibióticos que sus respectivas alternativas orgánicas.

En general los autores concluyen que no hay evidencia suficiente como para afirmar que consumir productos orgánicos puede reflejarse en una mejora en la salud, aunque si se reduce la exposición tanto a pesticidas como a bacterias resistentes a antibióticos, y ahora que cada cual tome sus propias decisiones 🙂