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Archive for the ‘Lactancia Materna’ Category

La OMS ha elaborado cuatro curiosos posters para promocionar la lactancia materna. Son dignos de ver, leer y poner en práctica, espero que os gusten, aquí los tenéis.

Tips para la recién estrenada mamá: informarse antes de la llegada del bebé, iniciar la lactancia durante la primera hora tras el nacimiento, buscar ayuda y alimentarse e hidratarse correctamente.

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Tips para el papá: ayudar a reducir el estrés en la mamá, ayudar con la expulsión de gases del bebé y con los cambios, baños…

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Tips para la familia y amigos: ayuda práctica con la casa y los hermanos mayores, y respetar las decisiones de los padres.

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Tips en el trabajo: proporcionar una baja maternal adecuada y un lugar donde la madre pueda amamantar o sacarse leche cómoda y discretamente y apoyar y respetar a las madres que amamantan.

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La primera semana de agosto es la Semana Mundial de la Lactancia Materna, aunque en España se celebre en octubre ya que en agosto no estamos muy “operativos”.

Creo que no es necesario que os diga que la leche materna es el mejor alimento para el bebé en exclusiva durante los primeros 6 meses de su vida y posteriormente complementado con otros alimentos, hasta que poco a poco el bebé vaya comiendo lo que habitualmente comemos los demás en casa.

Creo que no es necesario que os relate las ventajas de la lactancia materna, básicamente en cualquier pagina de lactancia os las relatan, y lo hacen mucho mejor que yo.

Solamente quiero manifestar mi elección de comer productos naturales, tomates del huerto de mi padre, que sepan a tomates, lechugas que sepan a lechuga, huevos de las gallinas de mi tío Juan, y pollo que no suelte hormonas por las orejas, entre otros.

Solamente quiero decir que si para mí elijo lo natural, no van  a ser menos mis hijas.

Y solamente quiero decir una cosa más, y es que, cuando a algo lo llaman “artificial”, por algo será, no?

Y así, entre paréntesis, quiero añadir que yo sí he dado lactancia artificial en algún momento (a mi hija mayor), muy a mi pesar y por circunstancias ajenas a mi voluntad, pero si tú que me lees das a tus hijos lactancia artificial porque lo has elegido tú, ole por ti.

No dejes que otros decidan por tí, sea cual sea tu decisión.

Feliz semana de la lactancia y feliz lactancia.

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La celiaquía es una reacción inmunitaria que se desarrolla en individuos genéticamente susceptibles. Se manifiesta a través de síntomas gastrointestinales inducidos por la presencia en la dieta de gluten o proteínas similares que dañan las vellosidades del intestino delgado impidiendo la absorción de algunos micronutrientes.

Es un trastorno bastante común en Europa, y sobre todo en mujeres, pudiendo desarrollarlo desde la infancia hasta la edad adulta.

A pesar de ser una enfermedad bastante común, la sintomatología es muy variada de una persona a otra, pudiendo complicar el diagnóstico.

El tratamiento de la celiaquía pasa por eliminar el gluten de la dieta en su totalidad. Solo así las vellosidades intestinales se recuperaran y desaparecerán los síntomas de la enfermedad. Pueden ser necesarios suplementos vitamínicos si se ha demostrado una deficiencia por malabsorción, pero únicamente en el caso de que el facultativo lo considere necesario.

Estudios relativamente recientes han puesto de manifiesto que las prácticas alimentarias durante la infancia, y más en concreto durante el periodo de lactancia, pueden inclinar la balanza y modificar el riesgo de padecer celiaquía.

La lactancia materna sabemos que es la mejor forma de alimentar al bebé hasta los 6 meses de edad, sin embargo, protege la lactancia materna frente a la celiaquía?

Teóricamente, la leche materna podría inducir tolerancia a la gliadina (glucoproteina que participa, junto con la glutenina, en la formación del gluten) debido a varios factores:

– presencia de gliadina en la leche materna

– disminución de la prevalencia de enfermedades gastrointestinales en bebes alimentados con leche materna

– diferencias en la flora intestinal

– permeabilidad intestinal reducida

Sin embargo, a pesar de los numerosos estudios realizados, no se han encontrado pruebas clínicas que lo apoyen, siendo más correcto decir que la lactancia materna retrasa la aparición de la celiaquía, pero no la previene.

Revisando todas estas investigaciones, se pueden sacar algunas conclusiones muy clarificantes. El riesgo de desarrollar celiaquía es más bajo en niños de edades inferiores a  2 años si éstos están aun siendo amamantados cuando el gluten se introduce en su dieta, siendo este riesgo aun menor si se continúa amamantando tras la introducción del mismo. De hecho, miles de casos de celiaquía podrían prevenirse simplemente tomando esta medida, introduciendo el gluten mientras se amamanta y continuando con la lactancia materna una vez introducido.

Más concretamente, la introducción temprana del gluten, antes de los 4 meses incrementa el riesgo de celiaquía, aun cuando el bebé está alimentado con lactancia materna, y la introducción tardía, aunque en menor medida, también aumenta este riesgo. Es por ello que, en base a los datos disponibles hasta la fecha, el ESPGHAN (European Society of Paediatric Gastroenterology, Hepatology and Nutrition) ha emitido la siguiente recomendación:

La introducción temprana (anterior a los 4 meses de edad) y tardía (posterior a los 7 meses de edad) de gluten en la dieta, debería evitarse, y esta introducción debería realizarse mientras el bebé continua siendo alimentado con lactancia materna.

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Existen diferencias sobre la edad en la que se recomienda introducir la leche de vaca en la dieta de los lactantes en los países desarrollados. En la mayoría de ellos, se recomienda esperar hasta los 12 meses de edad, pero algunos, como Canadá, Suecia o Dinamarca, adelantan la introducción de la leche de vaca hasta los 9 o 10 meses de edad.

Esta claro que para un lactante alimentado con leche materna, no es necesaria la leche de vaca hasta, al menos, los 2 años de edad, ya que esta es la edad mínima recomendada por la OMS para mantener la lactancia materna. El problema se plantea con los lactantes alimentados con leche de formula, ya que los resultados que se desprenden de los diferentes estudios realizados, no son del todo convincentes, al menos en mi modesto parecer.

La principal razón para retrasar el cambio de la leche de formula por la leche de vaca es la prevención de posibles deficiencias en hierro, ya que la leche de vaca es una fuente muy pobre de este mineral. Algunos estudios apoyan esta premisa, ya que se han demostrado deficiencias de hierro en lactantes alimentados con leche de vaca (500ml al día), aunque me parecen insuficientes.

Por otra parte, la leche de vaca posee un contenido muy bajo de ácido linoleico, aunque la relación ácido linoleico/ácido alfa linoleico es muy atractiva. La relación ácido linoleico/ácido alfa linoleico parece ser la razón por la que los niños que beben leche de vaca tienen unos niveles de ácido docosahexanoico (DHA) mas favorables que aquellos que toman leche de formula no suplementada con DHA.

En algunos estudios se ha sugerido también que la leche de vaca puede afectar aumentando el riesgo de obesidad, de presión arterial elevada o incluso al crecimiento, aunque la relación no parece tan evidente como la pintan.

También hay controversia en cuanto a la edad en la que debería cambiarse la leche entera por la baja en grasa, aunque en este caso, desde mi punto de vista, únicamente deberían tenerse en cuenta las preferencias del núcleo familiar, salvo que el riesgo de obesidad infantil sea evidente.

En resumen, la leche de vaca es pobre en hierro, y la leche de formula, en general, pobre en ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga. Yo no soy partidaria de introducirla antes de los 2 años de edad, ya que soy totalmente pro-lactancia materna e intento inculcar el mantenerla hasta esta edad, pero sin embargo, si el lactante se alimenta con leche de formula, puede no ser necesario esperar hasta entonces y, en ese caso, adelantaría la introducción de la leche de vaca a algún momento entre los 12 y los 18 meses. Por supuesto, no antes de que el lactante en cuestión tenga entre sus hábitos alimentarios el consumo de una dieta rica en hierro, o lo que es lo mismo, nunca antes de introducir la carne roja.

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Las alergias alimentarias son algo que está a la orden del día en la actualidad. Existe en general una gran controversia sobre si el consumo de ciertos alimentos por la madre durante embarazo y lactancia, puede o no repercutir en la aparición de alergias en el bebe, y como tal, muchos investigadores han hecho estudios sobre el tema.

El caso de las alergias a los frutos secos es de particular interés, por representar un serio problema de salud pública tanto en la gran mayoría de países de Europa occidental como en Norteamérica.

Científicos canadienses han publicado recientemente un estudio realizado en 403 bebes de hasta 18 meses.

Según los resultados obtenidos en este estudio, la exposición temprana (en el útero materno o a través de la leche durante el periodo de lactancia materna) a las proteínas propias de frutos secos (cacahuete en particular), representa un factor de posible riesgo en el desarrollo de alergia a este fruto seco.

Sin embargo, del estudio también se desprende que la lactancia materna en sí misma no es un factor de riesgo para el desarrollo de esta alergia. De hecho, se encontraron los mismos porcentajes de lactantes amamantados y una duración similar de este periodo de lactancia en el grupo de estudio y en el grupo control.

La alimentación materna durante embarazo y lactancia parece ser el factor más relevante a la hora de relacionar el consumo de frutos secos de la madre con la aparición de alergia en los descendientes, pero esto se limita a los lactantes con propensión a la atopia (herencia genética).

Está demostrado que se puede desarrollar alergia a algún alimento con el contacto con sus proteínas a partir de la leche materna, y en concreto, se han descrito algunos casos de alérgenos procedentes de cacahuetes transmitidos a través de la leche materna. Sin embargo, todos estos estudios parecen tener en común la predisposición genética como el factor más relevante.

Hay también algún estudio en el que se pone de manifiesto que el consumo de cacahuetes (más de una vez a la semana) por la madre embarazada aumenta el riesgo de tener un hijo alérgico a este fruto seco, por lo que una sensibilización in utero también puede ocurrir, ya que el feto esta en contacto con proteína procedente de la dieta materna a través del liquido amniótico.

Curiosamente, el consumo de productos derivados de la soja también aumenta el riesgo de aparición de alergia a los cacahuetes, ya que algunas fracciones proteicas de la soja son homologas a las proteínas principales de los frutos secos, por lo que se produce lo que se denomina sensibilización cruzada.

Con respecto a la exposición a trazas de cacahuetes por vía cutánea, no se encontró relación entre la exposición ambiental y la aparición de la alergia, ya que los porcentajes de exposicion fueron similares entre los bebes del grupo estudio y del control.

Como conclusión, parece que este estudio apoya la recomendación general de evitar el consumo de alimentos potencialmente alergénicos en embarazadas y lactantes cuyo historial familiarincluya atopia y otras manifestaciones alérgicas relevantes.

Y ahora en mi modesta opinión añado que, si un niño va a ser alérgico a los cacahuetes, lo será antes o después, pero lo será (en el momento en que entre en contacto con los alérgenos), así que, si bien me parece sensata la recomendación general de evitar estos alimentos, tampoco conviene obsesionarse en exceso.

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Una de las cosas que más he oído, de profesionales sanitarios paradójicamente, durante mis periodos de lactancia, uno de los cuales aun no he dado por terminado, ha sido cómo la lactancia afecta a la absorción del calcio (a su fijación al hueso), y cómo en el futuro, a la larga, acabaría padeciendo osteoporosis. Supongo que no he sido la única.

Pues bien, ha caído en mis manos uno de esos artículos que dan al traste con este mito sobre la lactancia, y aunque no esté del todo relacionado con la alimentación que suelo hablar en este blog, he decidido que merecía una entrada.

El articulo data de 2009, cuando se hizo un estudio sobre la masa ósea de 210 mujeres, entre las que se contaban un elevado número de multíparas y de mujeres que habían mantenido lactancias prolongadas.

Son muchos los estudios en los que se analiza la perdida de masa ósea durante la lactancia, y en los que se demuestra que dicha perdida se recupera poco a poco una vez se comienza con la alimentación complementaria. Sin embargo, en este estudio van más allá, puesto que además de lactancias prolongadas y embarazos relativamente seguidos, el estudio se lleva a cabo en un país en vías de desarrollo, por lo que la ingesta calórica materna puede/suele estar comprometida y es explícitamente más baja que la de cualquier país desarrollado. Probablemente, la ingesta de calcio sea una de las que se vean más comprometidas al disminuir la ingesta calorica (los lácteos no son de primera necesidad), sumado además a las dificultades para asimilar minerales que suelen tener en estos países dado su alto consumo de cereales. Los cereales poseen fitatos y otros agentes quelantes que impiden la absorción y la utilizacion de algunos minerales por nuestro organismo. Hablaremos de esto en otro post.

Los resultados son muy alentadores, sobre todo para las que en algún momento hemos tenido el miedo en el cuerpo por los antecedentes familiares de osteoporosis que nos acechan… Ni un alto número de embarazos (hasta 5 o más hijos) ni las lactancias prolongadas (97 meses o más) causan una disminución a largo plazo de la densidad ósea, sino que la densidad ósea puede considerarse independiente de estos factores. La osteoporosis que pueda diagnosticarse en la menopausia, nada tiene que ver con el tiempo que amamantemos a nuestros hijos.

Los autores concluyen su artículo con una frase totalmente pro-lactancia:

 “These data are in general agreement with the common view that mothers should breast feed their children as long as they can, due to the well-known positive effects of breast-feeding”.

Los resultados están de acuerdo con la recomendación habitual de que las madres deberían amamantar a sus hijos durante tanto tiempo como puedan, debido a todos los ampliamente conocidos efectos positivos de la lactancia materna (traducción libre).

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En esta segunda entrada voy a explicar con más detalle los requerimientos nutricionales que los expertos recomiendan en la bibliografía para las madres lactantes en los segundos 6 meses de vida del bebe, osea, de los 6 a los 12 meses.
Energía: recomiendan las 500 kcal que recomendaban antes mas unas 100 o 150 mas alegando que ya se han gastado las reservas grasas de la madre, las acumuladas durante el embarazo, se supone… Y también añaden en general que esto es únicamente en los casos en los que la madre desee que la mayor parte de los nutrientes vengan de la leche materna, es decir, que sea su dieta mayoritaria. A estas alturas muchas mamás han abandonado la lactancia porque se han incorporado al trabajo, y estas ya pueden hacer su “dieta” normal, pero algunas quedan que siguen, y en general también suelen verse dos tipos de lactancias, una (grupo 1), la que sigue siendo a demanda (la mayor parte de los nutrientes vienen de la LM), y otra (grupo 2) en la que se ha reducido el número de tomas al máximo y se da leche de formula o de vaca (si, en algunos países la introducen a los 6 meses poco a poco, como en Irlanda), por lo que no puede considerarse que la dieta mayoritaria sea la LM.
Digamos que los expertos recomiendan que las mamás del grupo 1 ingieran cerca de 700 kcal sobre sus requerimientos basales (BMR, Basal Metabolism Requirement) y las mamás del grupo 2 unas 500 kcal sobre su BMR.
Y ahora mi opinión personal como madre lactante y dietista. El metabolismo de una mamá lactante se adapta y no necesita 700 ni 500 kcal para mantener la lactancia y la vida normal, calculo, por mi dieta, que unas 200 kcal sobre el BMR en caso de las mamás del grupo 1 (y que no tengan grasa acumulada de la que quieran deshacerse), y probablemente nada en el caso de las mamás del grupo 2.
Proteína: Las recomendaciones dietéticas en este caso bajan de los 15g de proteína adicionales recomendados durante los primeros 6 meses a 12g de proteína, basándose en la composición en proteína de la LM y en la eficiencia de transformación de la proteína de la dieta en proteína de la LM.
En mi opinión, de nuevo, no es necesario un aumento de proteína, ya que la proteína de la LM se fabrica en el propio pecho, así que de poco sirve que la tomemos en la dieta. Mi recomendación es mantener la misma ingesta de proteína que en condiciones normales.
Grasa: La grasa merece mención especial puesto que una ingesta deficitaria de grasa lo que promueve es una movilización de la grasa corporal, que en algunos casos, es precisamente lo que la mamá está buscando, quitarse alguno de esos kilillos de más. Bien es cierto que la composición de la grasa de la leche si se ve afectada por la ingesta de la madre, aunque la cantidad no tanto.
Por mi parte la recomendación pasaría por, mantener la misma ingesta que en condiciones normales, es decir, la que va ligada a los BMR, y comer principalmente alimentos con grasa monoinsaturada o poliinsaturada (liquidas a temperatura ambiente), evitando en la medida de lo posible las grasas saturadas (que suele ser solidas a temperatura ambiente) y totalmente las grasas trans. Esto viene a resumirse en, cocinar con aceite de oliva, comer de vez en cuando frutos secos, más pescado que carne y sobre todo pescado azul y evitar las bollerías, galletas y tartas industriales, la margarina y los fritos, sobre todo los que no están hechos en casa donde tenemos un control sobre el aceite en que se fríen.
Vitaminas y minerales: Algunos micronutrientes, como ya he comentado anteriormente, son bastante sensibles a la ingesta materna, como puede ser el selenio, que depende de las reservas maternas de este mineral, o el zinc, cuya ingesta, excesiva o deficitaria, se ve reflejada en la LM.
La vitamina D se ve afectada principalmente por la exposición del bebe a la luz solar, ya que no abunda en la LM, y suelen recomendarse suplementos, aunque dada la peligrosidad que puede conllevar su ingesta excesiva (puede producir danos renales por acumulación del calcio en estos órganos vitales), además de que el preparado farmacéutico lleva como aditivo el E-321 cuyo uso está siendo limitado por la Organización Mundial de la Salud (WHO, World Health Organization), yo, personalmente, no soy partidaria de dar estos suplementos a los bebes.
A las madres lactantes se les recomienda tomar un suplemento de yodo (de entre 100 y 300ug dependiendo del autor que se consulte), para evitar problemas en el bebe en el futuro, aunque evidentemente no todas las madres lo necesitan, puesto que cada caso es diferente, pero, ya que es completamente inocuo, es preferible tomarlo.
Las madres que siguen una dieta vegetariana necesitan también suplementos de vitamina B12, ya que esta dieta es deficitaria, pero solo en el caso de la dieta vegetariana estricta, no es aplicable a la dieta ovo-lacto-vegetariana. Los suplementos de B12 son necesarios siempre, no únicamente durante el embarazo y la lactancia, y tanto en hombres como en mujeres.
Y creo que esto es todo, si echáis de menos algo, no dudéis en decírmelo, que investigare al respecto para poder incluirlo en este apartado.

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