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Posts Tagged ‘alimentacion complementaria’

La celiaquía es una reacción inmunitaria que se desarrolla en individuos genéticamente susceptibles. Se manifiesta a través de síntomas gastrointestinales inducidos por la presencia en la dieta de gluten o proteínas similares que dañan las vellosidades del intestino delgado impidiendo la absorción de algunos micronutrientes.

Es un trastorno bastante común en Europa, y sobre todo en mujeres, pudiendo desarrollarlo desde la infancia hasta la edad adulta.

A pesar de ser una enfermedad bastante común, la sintomatología es muy variada de una persona a otra, pudiendo complicar el diagnóstico.

El tratamiento de la celiaquía pasa por eliminar el gluten de la dieta en su totalidad. Solo así las vellosidades intestinales se recuperaran y desaparecerán los síntomas de la enfermedad. Pueden ser necesarios suplementos vitamínicos si se ha demostrado una deficiencia por malabsorción, pero únicamente en el caso de que el facultativo lo considere necesario.

Estudios relativamente recientes han puesto de manifiesto que las prácticas alimentarias durante la infancia, y más en concreto durante el periodo de lactancia, pueden inclinar la balanza y modificar el riesgo de padecer celiaquía.

La lactancia materna sabemos que es la mejor forma de alimentar al bebé hasta los 6 meses de edad, sin embargo, protege la lactancia materna frente a la celiaquía?

Teóricamente, la leche materna podría inducir tolerancia a la gliadina (glucoproteina que participa, junto con la glutenina, en la formación del gluten) debido a varios factores:

– presencia de gliadina en la leche materna

– disminución de la prevalencia de enfermedades gastrointestinales en bebes alimentados con leche materna

– diferencias en la flora intestinal

– permeabilidad intestinal reducida

Sin embargo, a pesar de los numerosos estudios realizados, no se han encontrado pruebas clínicas que lo apoyen, siendo más correcto decir que la lactancia materna retrasa la aparición de la celiaquía, pero no la previene.

Revisando todas estas investigaciones, se pueden sacar algunas conclusiones muy clarificantes. El riesgo de desarrollar celiaquía es más bajo en niños de edades inferiores a  2 años si éstos están aun siendo amamantados cuando el gluten se introduce en su dieta, siendo este riesgo aun menor si se continúa amamantando tras la introducción del mismo. De hecho, miles de casos de celiaquía podrían prevenirse simplemente tomando esta medida, introduciendo el gluten mientras se amamanta y continuando con la lactancia materna una vez introducido.

Más concretamente, la introducción temprana del gluten, antes de los 4 meses incrementa el riesgo de celiaquía, aun cuando el bebé está alimentado con lactancia materna, y la introducción tardía, aunque en menor medida, también aumenta este riesgo. Es por ello que, en base a los datos disponibles hasta la fecha, el ESPGHAN (European Society of Paediatric Gastroenterology, Hepatology and Nutrition) ha emitido la siguiente recomendación:

La introducción temprana (anterior a los 4 meses de edad) y tardía (posterior a los 7 meses de edad) de gluten en la dieta, debería evitarse, y esta introducción debería realizarse mientras el bebé continua siendo alimentado con lactancia materna.

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Las opciones más recomendadas para alimentar a un lactante no amamantado que sufra APLV son las leches hidrolizadas (hipoalergénicas), las fórmulas basadas en aminoácidos y las obtenidas a partir de proteínas de soja. Esta última no es recomendable antes de los 6 meses de edad según varias asociaciones de pediatras, especialmente en niños cuya alergia sea “no mediada por anticuerpos”.

La denominación “fórmula hipoalergénica” define a las fórmulas en que se ha comprobado que su empleo en lactantes con APLV elimina los síntomas. En estas fórmulas, las proteínas han sido pre-digeridas dando lugar a oligopéptidos o péptidos de diferentes tamaños, según sean basadas en hidrolizados parciales o extensos. No se recomienda el uso de las  fórmulas parcialmente hidrolizadas en este tipo de dietas, ya que pueden producir reacciones en un 50% de los niños afectados con APLV.

Por su parte, las fórmulas basadas en aminoácidos son fórmulas libres de péptidos que contienen mezcla de aminoácidos esenciales y no esenciales.

Las fórmulas basadas en proteínas de soja no deben ser usadas, como decíamos, en niños menores de 6 meses con sospecha de aler­gia alimentaria. La reactividad cruzada entre PLV y proteína de soja se observa en el 70-80% de los casos, si bien algunos investigadores pueden opinar lo contrario, ya que hay estudios en ambas vertientes. Sin embargo, dado el excesivo coste de las leches hidrolizadas, así como de las basadas en aminoácidos, puede recomendarse el uso de fórmulas basadas en proteínas de soja, siempre que se obtengan resultados positivos tras una prueba clínica de tolerancia. Por otra parte, es probable que si se escoge este tipo de preparado, sea necesario suplementar con algunos minerales y oligoelementos, que pueden venir ya incluidos en el preparado, como hierro, zinc o yodo. Ademas, la soja, como leguminosa que es, presenta una deficiencia en metionina, un aminoácido esencial, que podría ser también necesario suplementar. Con respecto al manganeso, aluminio y a las isoflavonas, presentes en cantidades muy elevadas en la soja, no se han descrito efectos secundarios hasta el momento, pero habría que estar atentos a la aparición de posibles malabsorciones de otros minerales.

En el estudio del que hablábamos anteriormente, utilizaron fórmulas hidrolizadas y fórmulas basadas en proteínas de soja, observando que la leche de soja producía menos reacciones adversas que la leche hidrolizada. Es en el caso de que se produzcan reacciones adversas, cuando se recomienda el uso de formulas basadas en aminoácidos.

Las leches de cabra, de oveja, o de cualquier otro mamífero, no son aconsejables en el tratamiento de niños con APLV, ya que sus proteínas son muy similares a las de la leche de vaca y pueden producir sensibilizaciones cruzadas en más de un 75% de los casos.

En cuanto a la alimentación complementaria, suele ser recomendable no re-introducir la proteína de leche de vaca hasta pasados los 12 meses, aunque será su pediatra o especialista el que haga las recomendaciones. Además, para prevenir otras posibles alergias alimentarias, puede ser recomendable excluir de la dieta otros alimentos potencialmente alergénicos, como pueden ser los frutos secos, la soja, los huevos y el pescado/marisco hasta al menos esta edad. Sin embargo, no hay evidencia científica de que la exclusión de estos alimentos de la dieta ejerza un papel preventivo en niños con alto riesgo de desarrollar alergias.

Como ya destacábamos en la entrada anterior, en un 80% de los casos los niños con APLV superan esta alergia alrededor de los 2 años, y sólo un 10% la mantiene hasta la edad adulta.

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Existen diferencias sobre la edad en la que se recomienda introducir la leche de vaca en la dieta de los lactantes en los países desarrollados. En la mayoría de ellos, se recomienda esperar hasta los 12 meses de edad, pero algunos, como Canadá, Suecia o Dinamarca, adelantan la introducción de la leche de vaca hasta los 9 o 10 meses de edad.

Esta claro que para un lactante alimentado con leche materna, no es necesaria la leche de vaca hasta, al menos, los 2 años de edad, ya que esta es la edad mínima recomendada por la OMS para mantener la lactancia materna. El problema se plantea con los lactantes alimentados con leche de formula, ya que los resultados que se desprenden de los diferentes estudios realizados, no son del todo convincentes, al menos en mi modesto parecer.

La principal razón para retrasar el cambio de la leche de formula por la leche de vaca es la prevención de posibles deficiencias en hierro, ya que la leche de vaca es una fuente muy pobre de este mineral. Algunos estudios apoyan esta premisa, ya que se han demostrado deficiencias de hierro en lactantes alimentados con leche de vaca (500ml al día), aunque me parecen insuficientes.

Por otra parte, la leche de vaca posee un contenido muy bajo de ácido linoleico, aunque la relación ácido linoleico/ácido alfa linoleico es muy atractiva. La relación ácido linoleico/ácido alfa linoleico parece ser la razón por la que los niños que beben leche de vaca tienen unos niveles de ácido docosahexanoico (DHA) mas favorables que aquellos que toman leche de formula no suplementada con DHA.

En algunos estudios se ha sugerido también que la leche de vaca puede afectar aumentando el riesgo de obesidad, de presión arterial elevada o incluso al crecimiento, aunque la relación no parece tan evidente como la pintan.

También hay controversia en cuanto a la edad en la que debería cambiarse la leche entera por la baja en grasa, aunque en este caso, desde mi punto de vista, únicamente deberían tenerse en cuenta las preferencias del núcleo familiar, salvo que el riesgo de obesidad infantil sea evidente.

En resumen, la leche de vaca es pobre en hierro, y la leche de formula, en general, pobre en ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga. Yo no soy partidaria de introducirla antes de los 2 años de edad, ya que soy totalmente pro-lactancia materna e intento inculcar el mantenerla hasta esta edad, pero sin embargo, si el lactante se alimenta con leche de formula, puede no ser necesario esperar hasta entonces y, en ese caso, adelantaría la introducción de la leche de vaca a algún momento entre los 12 y los 18 meses. Por supuesto, no antes de que el lactante en cuestión tenga entre sus hábitos alimentarios el consumo de una dieta rica en hierro, o lo que es lo mismo, nunca antes de introducir la carne roja.

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