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Posts Tagged ‘investigación’

El glutamato es un aminoácido no esencial que, de manera natural, se encuentra presente en pequeñas cantidades en casi todos los alimentos. Es fácil localizarlo especialmente en alimentos proteicos, como en pescados, carnes y lácteos entre otros.

Sin embargo, es el glutamato monosódico, la sal sódica del ácido glutámico el que centra la publicación de hoy.

El glutamato monosódico (GMS) es un aditivo alimentario que ostenta la categoría GRAS (Generally recognized as safe, osea, seguro) y cuyo código es el E-621.

El GMS es un aditivo generalmente usado como potenciador de sabor, ya que equilibra, combina y resalta otros sabores a la par que suaviza la textura del alimento. El GMS por sí sólo no tiene ni siquiera un sabor agradable, es necesario combinarlo con un sabor atractivo para que realice su función como potenciador. Otro aspecto de gran importancia es la concentración. El GMS contribuye con el sabor agradable exclusivamente cuando es utilizado en la concentración correcta, concentraciones más bajas no tienen efecto potenciador y más altas producen el resultado contrario, proporcionando un sabor tremendamente desagradable. Además hay que tener en cuenta que el GMS interacciona con otras sales y nucleótidos, pudiendo alterar el resultado final.

Sin embargo, el tema que nos ocupa hoy no es el GMS en sí, sino los efectos adversos que puede producir y los estudios que se han realizado al respecto.

En primer lugar, hay que tener en cuenta que existe una población sensible al GMS en la que la aparición de síntomas puede ser evidente, pero existe también una población, mayoritaria, no sensible, a la que el GMS no afecta en absoluto. Esto viene a decir, por ejemplo que, en una persona sensible al GMS y propensa a las cefaleas tensionales, el consumo de GMS, así como muchas otras cosas, puede precipitarlas, que no producirlas por sí mismo.

En segundo lugar, se desconoce qué hace el organismo con el exceso ingerido de GMS, si se acumula o no y de qué forma, ya que no existen investigaciones fiables al respecto.

Los estudios para demostrar su seguridad ocupan a diversas organizaciones desde hace más de 20 años. Concretamente la FDA (Food and drug administration, organización americana), y tras un estudio exhaustivo y con un alto numero de participantes, publicó un informe en el que afirma que el GMS es seguro si se consume en los niveles habituales, y descarta su vinculación con enfermedades crónicas o degenerativas.

Con respecto a su posible relación con la obesidad, y, en consecuencia, con el aumento del riesgo cardiovascular, los resultados no terminan de ser concluyentes, si bien es un problema que se ha observado en ratas de laboratorio, al igual que las alteraciones oculares.

El ácido glutámico es de gran importancia para el cerebro humano, siendo un potente neurotransmisor cuyo descontrol puede producir serios problemas, por lo que también se han realizado algunos estudios neurológicos con este aditivo. Con respecto al tema que nos ocupa, de nuevo, y aunque se vincula el exceso de GSM con la alteración del hipotálamo, y por tanto de los sistemas que regulan el apetito (hiper-leptinemia), generando adicción, tolerancia por el compuesto y en consecuencia tendencia a la obesidad, los estudios realizados no llegan a ser del todo significativos.

Lo cierto es que, si bien no existe la certeza absoluta de que el GMS sea capaz de  producir problemas de salud, bien cabe esta posibilidad, por lo que un control en su consumo sería una seguridad “extra”. Sin embargo, sí está completamente descartado que el GMS sea cancerígeno o cause asma y reacciones alérgicas, salvo en individuos especialmente sensibles.

No olvides buscar en las etiquetas de los alimentos que consumes los códigos E-620 a E-625, las 6 variedades permitidas de glutamato y así estarás controlando tu consumo de GMS.

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Volviendo a Mi Plato Saludable, el formato de dieta saludable ideado por los expertos de la Universidad de Harvard, también podemos encontrar un listado de lo que llaman Ten Nutrition Tips for Eating Right o lo que yo he traducido libremente como “los diez mandamientos de una dieta sana”.

Podéis verlos aquí:

Los diez mandamientos

Y aquí un resumen/traducción libre de los mismos y mi opinión en versión semáforo:

  1. Di NO a la dieta libre de carbohidratos (como la Dukan, por ejemplo), e intenta elegir pastas, cereales y arroz integrales.
  2. Presta atención al origen de las proteínas de tu dieta. Las mejores opciones son el pescado, el pollo, los frutos secos y las leguminosas.
  3. Limita la grasa saturada y evita la grasa trans. El aceite de oliva y el de semillas son tus grandes aliados. También el pescado y los frutos secos aportan ácidos grasos esenciales.
  4. Asegura un buen aporte de fibra en tu dieta.
  5. Consume frutas y verduras, elígelas de diferentes variedades.
  6. Aporta suficiente calcio en tu dieta, de los lácteos o de otras fuentes.
  7. Haz del agua la bebida principal con tus comidas. Evita la leche, el zumo y los refrescos, sobre todo si sustituyen al agua.
  8. Controla el aporte de sal de tu dieta. Evita consumir alimentos procesados en favor de los alimentos frescos y cocinados en casa.
  9. El consumo moderado de alcohol puede ser aceptable, aunque no en todos los casos. Sopesa los pros y los contras.
  10. Un complejo multivitaminico es un fantástico seguro nutricional. Y un aporte extra de vitamina D aun más.

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Hace poco cayó en mis manos una revisión bibliográfica la mar de interesante, y me ha parecido que podía interesar a mis lectores y por ello comparto con vosotros su contenido.

La revisión data de 2012, y en ella sus autores, mediante una extensísima búsqueda bibliográfica, recopilan más de 200 estudios realizados entre los años 60 y la época actual (2011) en los que se evalúa y compara el estado de salud entre poblaciones que consumen alimentos orgánicos en general o algún alimento (fruta, huevos, pollo…) en particular y otras que consumen alimentos convencionales.

La pregunta que se plantean es muy simple:“son los denominados alimentos “orgánicos” mejores que sus alternativas convencionales?”

La realidad es que el consumidor adquiere productos orgánicos por múltiples y muy variadas razones, pero en muchos casos lo hacen porque tienen la percepción de que son más nutritivos que la alternativa convencional a dicho producto.

Sin embargo, de los resultados de este estudio se desprende que no hay evidencias que apoyen esta percepción, sino que el aporte nutricional es igual en ambos productos.  Solamente en un único estudio se pudo demostrar que el aporte de fósforo de los productos orgánicos supera el aporte del producto convencional (diferencias estadísticamente significativas). Apuntar que para que ocurra una deficiencia en fósforo es necesario llegar hasta la inanición, por lo que nutricionalmente este aporte extra es clínicamente irrelevante.

También destacan un aporte más alto de fenoles en la agricultura orgánica y de ácidos omega 3 en leche y pollo, aunque los resultados fueron bastante heterogéneos.

En resumen, los resultados más relevantes que estos autores encontraron pueden englobarse en estos tres:

–         La agricultura convencional tiene un riesgo un 30% más alto de contaminación por pesticidas que la agricultura orgánica, aunque clínicamente no todos los pesticidas tienen el mismo riesgo y habría que evaluar el peligro que genera cada uno individualmente.

–         No hay diferencia significativa entre la posibilidad de encontrar contaminación bacteriana (Salmonella o Campylobacter) en los alimentos de origen animal, cualquiera que sea su origen (orgánico o convencional), aunque la contaminación por E. coli se ve significativamente aumentada en los productos orgánicos.

–         El pollo y cerdo procedentes de criaderos convencionales tienen un riesgo más alto de contaminación por bacterias resistentes a 3 o incluso más antibióticos que sus respectivas alternativas orgánicas.

En general los autores concluyen que no hay evidencia suficiente como para afirmar que consumir productos orgánicos puede reflejarse en una mejora en la salud, aunque si se reduce la exposición tanto a pesticidas como a bacterias resistentes a antibióticos, y ahora que cada cual tome sus propias decisiones 🙂

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Quería compartir con todos vosotros un artículo curioso que ha caído en mis manos por casualidad, en el que relacionan el abuso de complejos multivitamínicos en la primera infancia con el autismo.

El autismo (recordad que no soy médico, así que mis disculpas si pego alguna patada a la terminología) es un desorden neurológico que suele aparecer en los primeros 3 años de vida y afecta, en general, más al genero masculino que al femenino. Se asocia frecuentemente con niveles alterados de monoaminas (serotonina y catecolaminas) y particularmente con la tendencia a presentar niveles de serotonina elevados. Las monoaminas actúan como neurotransmisores y como moléculas “señal” en el tracto gastrointestinal y el sistema inmunitario. De este modo, un desajuste en su metabolismo puede afectar seriamente la salud, y en el caso del autismo, jugar un papel importante en el desarrollo de la enfermedad.

Está confirmado que el exceso de algunas vitaminas puede ser toxico para la salud, además de afectar ciertas rutas metabólicas. También está probado que en el desarrollo del autismo están implicado tanto factores genéticos como ambientales. Según estas afirmaciones, como el autismo está relacionado con la estabilidad en los niveles de monoaminas, el abuso de vitaminas podría ser un riesgo añadido a tener en cuenta.

Es evidente que confirmación no hay ninguna, y que en este artículo solo sugieren que pueda ser un riesgo adicional que sumar a los factores genéticos, pero, como ya he dicho en muchísimas ocasiones, consumir complejos vitamínicos de manera habitual es un peligro innecesario para la salud, ya que con una dieta sana y equilibrada proporcionamos a nuestro organismo suficientes vitaminas y minerales como para cubrir nuestras necesidades y mantener nuestras reservas.

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En ocasiones se utilizan complementos vitamínicos para niños en diversos formatos, algunos tan atrayentes como los que se asemejan a chicles o a gominolas. Estos complejos vitamínicos son de fácil adquisición, ya que no necesitan receta, y pueden comprarse y suministrarse al niño sin necesidad de pasar por la consulta del pediatra. Además, el hecho de que sean tan atractivos para el niño hace que la sobredosis sea un accidente bastante probable.

En los últimos años se ha publicado un estudio que da la voz de alarma sobre varios casos de sobredosis de vitaminas en niños debido al consumo de estos complementos (ingesta de entre 100 y 150 gominolas en el transcurso de 3-5 días).

Concretamente se analizaron las cantidades circulantes de vitamina A en sus diferentes formas, hallándose valores muy superiores a los recomendados en condiciones normales, y observándose que estos valores alcanzaban su máximo semanas después de la ingesta, algo que no había sido observado hasta la fecha. Afortunadamente, los niños no desarrollaron los síntomas clínicos típicos de hipervitaminosis. Sus exámenes físicos fueron normales y específicamente no se detectaron complicaciones gastrointestinales, renales ni neurológicas.

Aunque se han descrito complicaciones derivadas de la ingesta excesiva de vitamina A en adultos en la literatura, incluso en dosis más bajas de las detectadas en este estudio, la dosis letal de esta vitamina se ha demostrado ser mucho más alta. En la bibliografía he encontrado, de hecho, un artículo en el que la muerte de un niño se produce por la ingesta continuada (durante 11 días) de dosis de vitamina A de 90000 unidades internacionales (la ingesta de los niños del estudio era de alrededor de 250000 UI).

Es más, se ha demostrado que los complejos vitamínicos en los que la vitamina A se vehiculiza en formatos hidrofílicos, emulsiones o simplemente en formatos sólidos, como es el caso de las gominolas, la absorción de la vitamina A es hasta 10 veces mayor que en aquellos complejos en los que se utilizan aceites (liposolubles), por lo que la toxicidad aumenta, pudiendo ser letal a dosis inferiores.

Para concluir, aunque se ha demostrado que dosis elevadas de vitamina A (en complejos lipofílicos) suministradas de manera intermitente en niños con probables deficiencias (países del tercer mundo, por ejemplo) son perfectamente seguras, la ingesta de estas dosis en niños cuyos niveles de vitamina A circulante son los adecuados, y además el formato de la vitamina es no lipofílico, no son, para nada, seguras. De hecho, tras un caso de sobredosis puntual infantil, y debido a que la concentración de retinol en suero continúa aumentando durante semanas tras la ingesta, es recomendable monitorizar la cantidad de vitamina A en sangre durante varios meses y consumir una dieta libre de vitamina A.

Sabemos que la vitamina A es una de las vitaminas liposolubles, y por tanto, su tendencia es a acumularse en el organismo (o a ser más difícil de eliminar que el exceso de vitaminas hidrosolubles), lo cual es un agravante a tener en cuenta a la hora de suministrar suplementos vitamínicos innecesarios, no sólo en la infancia.

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Hay otros micronutrientes que pudieran estar relacionados con el tema que nos ocupa, la concepción de un hijo, bien sea por relacionarse con la fertilidad masculina, femenina o con el correcto desarrollo del feto, por ejemplo:

  •  Co-enzima Q10: Se ha observado en varios estudios que esta co-enzima se encuentra en niveles muy bajos en mujeres que han sufrido un aborto, por lo que su aporte extra podría mejorar la fertilidad de mujeres que van a someterse a un tratamiento de reproducción asistida. Sin embargo, no hay estudios suficientes que lo avalen.
  • Ácidos grasos esenciales: Son los ácidos grasos que nuestro organismo no puede fabricar y que, por tanto, deben suministrarse con la dieta. Son esenciales el ácido linoleico (omega-6) y el alfa-linolénico (omega-3). Hay otros ácidos grasos omega-3 y omega-6, como los famosos DHA y EPA (docosahexanoico y eicosapentanoico) pero pueden sintetizarse en nuestro organismo a partir de los ácidos linoleico y alfa-linolénico. Todos son fisiológicamente muy necesarios, ya que participan en la creación de estructuras del sistema nervioso, y esto los hace indispensables para el desarrollo, por ejemplo, del cerebro del feto. Sin embargo, no hay ingestas diarias recomendadas de los mismos.
  • Ácido para-aminobenzoico (PABA): No es un nutriente esencial en sí, por lo que no hay ingestas recomendadas, pero según los resultados obtenidos en un pequeño estudio realizado en los años 40, su consumo podría tener algún tipo de beneficio sobre la fertilidad masculina. Desde mi punto de vista, el estudio no produce resultados significativos, y elevadas dosis de PABA pueden no ser seguras, pero manteniéndose dentro de unos límites, es probable que sea beneficioso. Además de en algunos alimentos, el PABA es el ingrediente activo de los protectores solares, ya que bloquea físicamente los rayos ultravioleta cuando se aplica en la piel.

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La toxicidad de la vitamina A parece estar conectada con la salud del esqueleto. El excesivo consumo de vitamina A se ha relacionado en diversos estudios con hipercalcemia, anormalidades en los huesos y reabsorción ósea. Además, estudios epidemiológicos han ligado elevados consumos constantes de vitamina A con baja mineralización ósea y riesgo de fracturas.

Es evidente que el bajo consumo de algunos minerales, como el calcio o el magnesio ponen en peligro la salud ósea, pero el consumo excesivo de otros nutrientes, como el sodio, también lo hacen. En el caso de la vitamina A se han publicado numerosos estudios en las últimas décadas que evidencian lo nocivo que puede llegar a ser para los huesos un exceso de esta vitamina. Los niños y los adolescentes parecen ser aun más susceptibles incluso a la toxicidad de esta vitamina.

La toxicidad de la vitamina A no se observa cuando se consume en forma de carotenoides, o también llamados provitamina A, que se transforman en el intestino delgado en la forma activa de la vitamina, el retinol. Se ha demostrado de manera reciente que estos carotenoides tienen una tasa de transformación en retinol mucho menor de la que se creía en principio.

Sin embargo, el proceso por el que el exceso de vitamina A afecta al esqueleto o a la densidad ósea no está del todo claro y tampoco lo está la dosis asociada con este daño. Por este motivo, y como precaución, se recomienda no superar las dosis estipuladas en las tablas de ingestas recomendadas salvo consejo y supervisión del medico.

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